Leer el archivo, compartir la pregunta
- hace 2 días
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Ruth Castro / El Astillero Libros
Algunos libros transforman las preguntas que hacemos sobre el pasado. El archivo expiatorio. El sacrificio humano y la historia del México colonial, de Nadia Cervantes, parte de un tema que durante siglos ha concentrado buena parte de la atención sobre las culturas mesoamericanas para preguntarse, en realidad, cómo esa imagen llegó a ocupar un lugar tan dominante en nuestra manera de entender la historia.
La conversación que sostuvimos en El Astillero Libros giró alrededor de esa inquietud. Más que discutir si los sacrificios humanos ocurrieron o cuál fue su magnitud, el diálogo se centró en los relatos que dieron forma a esa representación. Las crónicas, los códices y los documentos coloniales aparecieron, no como registros neutrales del pasado, sino como textos atravesados por decisiones políticas, religiosas y culturales que aún hoy condicionan nuestra forma de leer la historia.
Especialista en literaturas y culturas iberoamericanas del periodo colonial temprano, Nadia Cervantes ha dedicado buena parte de su trabajo a estudiar las epistemologías de los pueblos originarios y las complejas operaciones de traducción que acompañaron la expansión colonial. Los conceptos, los rituales y las formas de comprender el mundo cambian al pasar de una lengua a otra, y en ese tránsito también cambian las historias que heredamos.
Como tema surgido de su investigación, conversamos sobre el náhuatl y del Códice florentino. Comparar las versiones en lengua originaria con las traducciones al castellano permite advertir que muchas ideas permanecen visibles únicamente en los textos nahuas, mientras que otras se transforman para responder a categorías propias del pensamiento europeo. La traducción deja entonces de ser un ejercicio lingüístico y se convierte en una forma de construir memoria.
Nadia es originaria de Torreón y, cada vez que vuelve a la ciudad, suele pasar por la librería. Elizabeth, su mamá, participa desde hace tiempo en los círculos de lectura y en otras actividades de El Astillero, de modo que la presentación también tuvo algo de reencuentro, son de casa. Entre amistades, familiares y lectores interesados en el tema, cerca de cuarenta personas compartieron una conversación que difícilmente habría ocurrido de la misma manera fuera del espacio que los libros han ido construyendo.
Un libro no termina cuando sale de la imprenta ni cuando alguien cierra la última página. Continúa en las preguntas que despierta, en las lecturas que pone en diálogo y en las comunidades que, poco a poco, se forman alrededor de esas conversaciones. Las presentaciones, los círculos de lectura y las charlas con autores son distintas maneras de prolongar esa experiencia y de recordar que leer es también una práctica compartida.
















































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