Silvina Ocampo: lo extraño en la literatura argentina
- amanuenseeditorial

- 24 sept 2025
- 2 Min. de lectura
Por Ruth Castro / El Astillero Libros
En la constelación de escritoras y escritores argentinos del siglo XX, el nombre de Silvina Ocampo ocupa un lugar enigmático, muchas veces relegado a las sombras de figuras como su hermana Victoria, su compañero Adolfo Bioy Casares o su amigo Jorge Luis Borges. Sin embargo, con los años, y bajo la mirada de la crítica literaria y de nuevas lecturas, su obra se ha recuperado como una de las más singulares y potentes de la literatura hispanoamericana.
Silvina nació en Buenos Aires en 1903, en una familia privilegiada que la acercó desde temprano a la cultura europea. Estudió pintura en París con maestros de vanguardia, experiencia que dejó huella en su manera de mirar y narrar.
Aunque comenzó exponiendo sus dibujos y obras plásticas, fue en la literatura donde encontró su verdadera voz. La revista Sur, fundada por Victoria Ocampo, le abrió un espacio vital en el ambiente intelectual. Allí trabó amistad con Borges y conoció a Bioy Casares, con quien se casaría en 1940. Ese triángulo literario —a veces fértil, a veces conflictivo— la situó en el corazón del canon argentino, aunque también la expuso a ser leída a la sombra de sus célebres compañeros.
La narrativa de Silvina Ocampo explora lo extraño en lo cotidiano: niños crueles, recuerdos deformados, dobles perturbadores y promesas incumplidas. Sus cuentos y novelas nunca se entregan por completo a la lógica realista; prefieren lo ambiguo, lo fantástico, lo siniestro.
En Autobiografía de Irene (1956), por ejemplo, el título engaña: no se trata de una confesión íntima sino de un relato fragmentado donde la memoria y la identidad se vuelven materia cambiante. La voz narradora reconstruye a Irene como si pintara un retrato imposible, hecho de destellos, deformaciones y obsesiones.
En su novela La promesa (1969), Ocampo lleva aún más lejos ese juego con la memoria: la narradora evoca escenas y personajes al borde de la muerte, cumpliendo una deuda con lo vivido. El resultado es un mosaico de recuerdos donde lo real y lo imaginario conviven sin fronteras claras.
Redescubrir a Silvina Ocampo es asomarse a una literatura que ilumina lo raro y lo incómodo. Sus textos desestabilizan las certezas de la memoria, cuestionan la inocencia de la infancia y nos invitan a mirar de cerca lo que solemos dejar de lado. Leerla es entrar en un mundo donde la belleza y la inquietud conviven, donde lo poético se mezcla con lo macabro.
(En el círculo de lectura de mujeres de El Astillero Libros estamos dedicando unas sesiones a leer y comentar un poco de su obra. Para apuntarte a las sesiones y leer a ésta y otras autoras mándanos un whatsapp a 8716704984)












































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