El misterio del caracol y otros insectos

Reseña de Colémbolos, de Aurora Hernández






Tanya Villarreal


Los colémbolos enuncian su metamorfosis: a la mínima perturbación, estos seres diminutos se alzan como flores, entre cíclopes y diosas compareciendo en el desierto. Esta especie de insectos son los más numerosos que existen en la superficie terrestre y la poeta Aurora Hernández acude al canto de las cigarras ­–en sustitución al de las sirenas– para emprender el viaje hacia el interior de su jardín. No son pocas las veces las que se han acudido a los artrópodos para expresar la belleza de la naturaleza en su brevedad poética, así lo demuestra los “poemas sintéticos” de Tablada al apropiarse de las palabras del poeta japonés Basho más de cuatro siglos después: “el poema debe ser escrito en el momento en que el poeta todavía siente el fulgor de las cosas en su corazón porque las cosas cambian a cada instante”. Aurora entiende esta quintaesencia y atiende a su intuición logrando versos concisos como fenómenos que atraviesan cualquier signo de vida. Su simpleza es reflejo de una sed insaciable por el conocimiento:


“Pienso en el agua de la fuente

Y en el patio

Mi mente y mi corazón ahí son puros

Torna el pájaro rojo

Con el pico

Lleno de plata filosófica

Se posa sobre mi cabeza

Entierra el hallux

Cantando lo que ahora viene

juego de niños”

El ritmo descendente de cada poema desmaterializa la realidad transformándola en suspiros, dulces sonidos de una voz poética que se revela como una niña escarabajo hilvanando los sentidos en un momento de meditación. La niña transita múltiples presencias femeninas que asemejan a las visiones de Elsa Cross en su poemario “Canto malabar”: “Mar de plata viva/ ciudad de oro/ el rostro de piedra entre el follaje/ en su trono se alcanza/ pisadas en el aire/ pies transparentes/ de oscuros capullos desprenden/ su vuelo de la seda/ velos en fuga”. La similitud con esta poesía de infancias imaginarias acercándose a la divinidad es importante y gratamente iluminadora. Lo que Elsa Cross contempló debajo de un baniano (árbol de la India), Aurora Hernández lo hizo “sobre la floresta”: “engullo en silencio/ floripondio y amapola/ su aroma perpetuo”.

La poesía es el soplo de un aliento primigenio y tal es el caso de Colémbolos, que no pretende ser sentencia ni ahondar en la reflexión de una idea, sino provocar un destello capaz de alumbrar lugares mitológicos que han sido frecuentemente aludidos, sin embargo, incomprendidos bajo un gesto de repetición “culpígena” judeocristiana. La unidad temática del poemario tiene múltiples aristas sugeridas por nombres de profetas y una nueva “topología onírica” que se arriesga en la intimidad de la tierra, esa fue la primera misión de la poeta. Los versos pareados no pierden su continuidad y cada imagen guarda una estrecha relación con su ambiente Verde Azul, de Niña Coccinélida, sobre el Encinar de Abraham y el Menorá- Lámpara de Jeremías: “Un tártano de ojos/ llora sobre tu rostro/ Yahvé murmura palabras y granates/ Piedras frías/ Arden tu lamento”. La impersonalidad del tono hace referencia a imágenes que permiten adentrarse en cada palabra, pues lo que más importa del viaje al monte Sinaí, a los trigales y al templo, es transitar las huellas de los otros bichos y, al ser alimento de los pájaros, volar con ellos en cada canto. En el jardín de Aurora, los dioses encarnan en minerales y las diosas germinan en el atrevimiento de la autora por retratar la vida y las posibilidades de ser. No hay síntesis de experiencias, solo una vivencia unificadora en microscópicos adjetivos sin lamentos y una plétora de sensaciones volcadas al momento presente:


“El ventanal del palacio de cedro

Horadado por la Luz y la transparencia del polvo

Vela doce caracolas que giran en el centro

Cada una con voces diferentes

El centinela de cristal resuena todos los zumbidos

Detona con su canto y la opresión del viento

En esquirlas coloridas que brillas nacaradas en los bígaros” ( Oralidad de la luz)


Habrá cuantiosas aproximaciones sobre el sentido y por ello los poemas serían, decía la poeta Ada Salas, “como ver un trazado rupestre en un abrigo de roca: los vemos y con suerte los tocamos, y esa es nuestra única, limitada, relación posible con su significado: una relación sensorial”. El sentido de su lectura es precisamente ese, sin más adornos, asombrarse del mundo y en un pestañeo, encapsular sus contradicciones.



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Colómbolos es un poemario editado por #AstilleroLibros en 2021. Puedes adquirirlo en Librería El Astillero o pedirlo a través de esta página.