La Historia como territorio narrativo: Verónica Murguía
Ruth Castro
La narrativa de Verónica Murguía explora el pasado como un territorio vivo, poblado por voces, creencias y formas de entender el mundo que la imaginación literaria vuelve cercanas. Su interés por la historia, las culturas antiguas atraviesa una obra en la que la investigación histórica y la fantasía se entrelazan. En sus libros aparecen la Edad Media, el mundo árabe, las tradiciones judeocristianas, los relatos de la antigüedad y también aquello que solemos llamar fantástico.
Ella misma ha contado que su interés por el pasado está relacionado con una pregunta que sigue presente en su escritura: cómo reaccionan los seres humanos ante circunstancias que cambian, pero que también revelan comportamientos persistentes. El conocimiento histórico le permite mirar esas semejanzas sin borrar las diferencias entre épocas.
Un rasgo de su narrativa es precisamente esa capacidad para hacer que un mundo lejano resulte cercano sin volverlo contemporáneo. En Auliya, por ejemplo, la tradición árabe, el desierto, la magia y la búsqueda del mar forman parte de una historia que combina erudición y fantasía con una prosa precisa. En El ángel de Nicolás, sus cuentos recorren distintos momentos de la historia y del mito, con relatos vinculados a tradiciones árabes, judeocristianas y griegas.
Después está El cuarto jinete, novela situada en la Europa de 1348, durante la peste bubónica. Murguía reconstruye allí no solamente una catástrofe histórica, sino el mundo cotidiano que la rodea: las creencias religiosas, la convivencia entre comunidades, los cuerpos enfermos, los oficios, los objetos, los olores y las formas de enfrentar la muerte.
Pero reducir a Murguía a escritora de la Edad Media o de la fantasía sería también injusto. Su obra abarca la literatura infantil y juvenil, el cuento, la novela, la traducción y el periodismo. Su curiosidad lectora se extiende por épocas y géneros diferentes, y esa amplitud aparece también en su escritura.
Pensar ahora en Verónica Murguía lleva inevitablemente a pensar también en Ediciones Era. Una parte significativa de su obra narrativa ha encontrado allí una casa editorial. El ángel de Nicolás apareció originalmente en Era en 2003 y volvió a publicarse en 2024; Auliya también forma parte del catálogo de derechos de la editorial. Y esto adquiere un significado particular después del anuncio de que Era reducirá al mínimo sus operaciones, tras 66 años de existencia.
La desaparición o reducción de una editorial no significa que sus libros desaparezcan de un día para otro. El propio comunicado de Era insiste en que su catálogo existe, permanece y seguirá leyéndose. Pero queda en riesgo la continuidad de una determinada conversación editorial. Un catálogo no es una suma de títulos. Es una manera de mirar la literatura, una red de afinidades, decisiones, autores y lectores que durante años permite que ciertos libros lleguen juntos a nuestras manos.
En el caso de Verónica Murguía, perder la continuidad de un catálogo como el de Era sería perder, al menos temporalmente, uno de los lugares donde su obra encontró una comunidad de lectores. Y sería perder una parte de ese mapa editorial que permite reconocer que una escritora como ella —historiadora, narradora, exploradora de mundos antiguos, de la tradición árabe, de lo fantástico y de las posibilidades de la imaginación— pertenece a una conversación literaria mucho más amplia.
*Publicado también en: https://www.elsiglodetorreon.com.mx/noticia/2026/la-historia-como-territorio-narrativo-veronica-murguia.html?v=20261012145019#google_vignette








































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