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La amortajada, de María Luisa Bombal

5 oct
2 min de lectura

Por Rob Molly


Frugal en su creación literaria, la chilena María Luisa Bombal nos heredó La amortajada. Fuente de inspiración para un joven Juan Rulfo que encontraría al narrador de Pedro Páramo, gracias a la voz poética y fúnebre de la escritora.

Llevo el libro en el bolsillo y mi mano lo transporta con la misma facilidad. Es una edición liviana que es llevaba con cuidado, como la mujer de la novela que no ha de despertar de este sueño profundo, del que solo las muertas han de tener conciencia. 

En el fondo de mi WhatsApp se ha gestado un chat privado conmigo misma llamado "Lecturas"; ahí voy enviando fotos de las que deseo se vuelvan mis futuros libros por leer. No todos los llego a adquirir. Buena parte de ellos se posan de manera orgánica sobre mi estantería. Respeto su naturaleza como lo haría con cualquier animal o insecto alado. Este es el caso de La amortajada, llegó con el vuelo ligero y con un viento que me favorecía. Gracias a mi librera favorita, dueña de El Astillero Libros, recibí una edición de la Universidad Nacional Autónoma de México de la colección Relato Licenciado Vidriera.

Al igual que mi madre —ex alumna de la UNAM—hace unos años, la protagonista de La amortajada inicia su transición al otro mundo. Así se desarrolla la trama de la novela: un personaje femenino que comienza su verdadera travesía en el fondo de una caja fúnebre. Por fin ha de descansar el cuerpo cansado de una mujer enferma y mirar con perspectiva el transcurso de su vida. Sin ser perturbada, observa bajo el sopor de la muerte a todos aquellos que se acercan a despedirse. Es así como nos habla de su padre, de Antonio, de Fernando, de Ricardo y de su hija que implora verla de pie. Todas fuentes de amor o alguna clase de desdicha. 

La lectura se da con dulzura, en especial leído a solas y en voz alta. La musicalidad eleva el sentido estético y vívido de las imágenes. María Luisa Bombal recuerda aquellas escritoras que endulzan el corazón aun cuando nos recuerdan la muerte como nuestro único fin. 



 
 
 

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