Libros y escritura. Permanencia y transición

 

 

He escuchado comentarios, vertidos aquí y allá por personas supuestamente conocedoras del fenómeno libresco, que tienden a asumir la inexcusable desaparición del libro. Claro, la fascinación por la tecnología y los nuevos soportes de la escritura lleva a conclusiones más bien superficiales al respecto. Ya decía en una ocasión anterior que se puede anticipar una coexistencia más o menos prolongada de soportes tradicionales y electrónicos: la nuestra es una fase de transición; nos toca ser testigos de una transformación contemporánea de la historia de la escritura. 

 

Esta coexistencia trae lo que Roger Chartier (Congreso Internacional del Mundo del Libro, FCE) expuso como una pérdida de las fronteras en el orden de los discursos. Se trata de un problema generacional: los lectores adultos, acostumbrados a distinguir los géneros de la escritura con la ayuda de su propia presentación física, encuentran en los recursos electrónicos una presentación unimodal, la pantalla. Fragmentos de libros (novelas, ensayos, dramaturgia), artículos de revista, crónicas independientes, notas de prensa, escrituras no destinadas a la industria editorial ligada al papel (blogs, Wiki, chats, tweets), poemas y cuentos sueltos o coleccionados arbitrariamente aparecen sin mayores características que puedan orientar al lector.

 

Es obvio que pasada la coyuntura, en ese futuro aún indefinido, la escritura y la lectura sufrirán sus correspondientes pérdidas y ganancias ¿cómo distinguirán los nuevos lectores los diferentes géneros?, ¿aún será pertinente hacer las mismas distinciones de géneros en el futuro, ya no del libro, sino de la literatura y las demás modalidades de presentación del texto? 

 

Parte del fenómeno se expresa en lo que se ha llamado “la desintegración del libro”. Las textualidades fragmentarias disponibles en la red son un ejemplo casi literal de este concepto, aunque el mismo las antecede aún desde tiempos en que no era concebible el libro digital (“Híbridos genéricos: la desintegración del libro en la literatura hispanoamericana del siglo XX”, Francisca Noguerol Jiménez). Autores consolidados en algún momento del siglo XX (me refiero a lo particular de la escritura literaria) como Alfonso Reyes, Julio Torri, Alejandro Rossi, Julio Cortázar, etc.,  anticiparon con sus obras esta transformación de la historia de la escritura.

 

Algunos datos pueden darnos indicios para seguir en busca de claridad al respecto. Un análisis de Voltairenet.org (“En picada la industria del libro”, Paulina Monroy), con datos hasta 2007, retrata un punto crítico, desde el punto de vista productivo, en la trayectoria del libro en México. De allí se pueden obtener algunas conclusiones parciales: la producción de libros tiende a bajar, a emplear menos mano de obra, a reducir su índice de producción per cápita; a aumentar su valor, a mantener por los suelos sus coeficientes de inversión, a disminuir su rentabilidad con afectaciones en productividad y demás. Sí, la industria editorial ligada al papel ya va de salida, pero nada indica que el cambio por las nuevos soportes vaya a resultar abrupto. La producción declina pero el uso permanece.

 

Un artículo en Quincenadelibros.com (“Diferencias entre los mercados digitales entre Europa y EU…¿y Latinoamérica?, Jürgen Snoeren) ofrece datos de la cuarta conferencia Editech. A excepción de Reino Unido, no se puede decir que en Europa existe un mercado del e-book: España, el más “extendido” entre ellos, alcanza 1.7% del mercado total de libros, los Países Bajos 0.8%. Las limitaciones son mercadológicas y de distinto tipo; queda un gran acervo histórico por digitalizar, los derechos de copia y/o autor aún no están a salvo con tantas opciones de piratería virtual. 

 

Sin duda, el libro como obra intelectual permanecerá como bien cultural, independientemente del soporte y las transformaciones que sufra con sus cambios recientes. Parafraseando a Chartier, no por difundirse ampliamente la imprenta de tipos móviles dejamos de escribir a mano; ahora que puede reducirse la textualidad a su mínima expresión material ¿quiere decir que los “voluminosos” cubos de papel serán prescindibles?

 

 

Publicado en Metrópolis.

 

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February 24, 2020

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